¡OH, MI YO! ¡OH, VIDA!

 

¡Oh, mi yo! ¡Oh, vida!, de sus preguntas que vuelven,

Del desfile interminable de los desleales, de las

ciudades llenas de necios,

De mí mismo, que me reprocho siempre (pues,

¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),

De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos

despreciables, de la lucha siempre renovada,

De los malos resultados de todo, de las multitudes

afanosas y sórdidas que me rodean,

De los años vacíos e inútiles de los demás, yo

entrelazado con los demás,

 

La pregunta, ¡oh, mi yo!, la pregunta triste que

vuelve - ¿qué de bueno hay en medio de estas

cosas, oh, mi yo, oh, vida?

 

 

Respuesta

  

Que estás aquí - que existen la vida y la identidad,

Que prosigue el poderoso drama, y que puedes

contribuir con un verso.

 

 

 

¡OH, CAPITÁN! ¡MI CAPITÁN!

 

¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Terminó nuestro

espantoso viaje,

El navío ha salvado todos los escollos, hemos ganado

el premio codiciado,

Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas, ya el

pueblo acude gozoso,

Los ojos siguen la firme quilla del navío resuelto y

audaz;

Más, ¡oh, corazón, corazón, corazón!

¡Oh, las rojas gotas sangrantes!

Ved, mi Capitán en la cubierta

Yace frío y muerto.

¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Levántate y escucha las

campanas;

Levántate, para ti flamea la bandera, para ti suena el

clarín,

Para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas, para

ti la multitud se agolpa en la playa,

A ti te llama la masa móvil del pueblo, a ti vuelve sus

rostros anhelantes;

¡Ea, Capitán! ¡Padre querido!

¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!

Esto es un sueño: en la cubierta

Yace frío y muerto.

Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos e

inmóviles,

Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso, ni

voluntad,

El navío ha anclado sano y salvo; su viaje, acabado y

concluido,

Del horrible viaje el navío victorioso llega con su

trofeo;

¡Exultad, oh, playas, y sonad, oh, campanas!

Mas yo con pasos fúnebres,

Recorro la cubierta donde mi Capitán

Yace frío y muerto.